sábado, 19 de agosto de 2017

Entrevista al traductor Juan Macarlupu

Hoy comparto con ustedes una entrevista que le hice al traductor Juan Macarlupu, quien hace poco dio dos seminarios en Rosario.

¿Por qué decidiste convertirte en traductor?

Hubo diversos motivos. Al principio, estaba decidido a estudiar Ingeniería en Sistemas, pero, cuando vi el plan de estudios y las materias, me pareció que no la iba a aguantar. Los idiomas siempre me resultaron fáciles, pero nunca lo había notado. Un día, mi papá recibió un paquete de regalo de una organización extranjera, y me pidió que le dijera, más o menos, lo que decía el papel que lo acompañaba. Le hice una traducción a la vista y me dijo: “qué fácil te salió, ¿por qué no estudiás algo relacionado con el inglés?”. “Puede ser, ya voy a ver”, le respondí. Fui a averiguar de que se trataba la carrera, el programa me convenció y me inscribí. Después a medida que estudiaba la carrera fui descubriendo bien de qué se trataba, y me fue gustando cada vez más.

¿Cuáles son tus áreas de especialización?

Mis áreas de especialización han cambiado un poco con el tiempo. En un principio, era, principalmente, la informática. Con el tiempo, fui haciendo una transición hacia el turismo y la hotelería. Actualmente, sigo con el turismo y me especializo también en la localización de aplicaciones para búsqueda de pareja. Siempre digo que esta última área es un ejemplo de cómo a veces las áreas de especialización nos acaban eligiendo a nosotros en vez de nosotros a ellas. El turismo y la localización de aplicaciones de citas son las dos áreas en las que trabajo actualmente.

¿Considerás que la especialización es clave para un traductor?

Absolutamente. No solo porque nos permite brindar un servicio de mayor calidad y evitar errores que son consecuencia del desconocimiento del tema, sino también porque la gran mayoría de los clientes saben que un buen traductor se especializa. Por ese motivo, cuando se cruzan con un traductor que se ofrece a hacer trabajos en “todas las áreas” o que especifica muchas áreas de especialidad completamente diferentes, prefieren seguir buscando.

Además de ser traductor, te desempeñás como corrector. ¿Cuáles son los errores que encontrás con más frecuencia en las traducciones que te toca corregir?

Creo que el error que veo con más frecuencia son las coincidencias parciales sin revisar. Uno creería que ningún traductor profesional dejaría algo que sabe que es parcial sin revisar, pero la realidad es que, en aproximadamente un 50 % de las traducciones que corrijo, se presenta este problema. Otro muy frecuente es la mala interpretación de qué sustantivo modifica a cuál cuando hay muchos sustantivos concatenados. Creo que la mayoría de estos errores podrían subsanarse con solo dedicarle algunos minutos de investigación a los casos que generan dudas. Sin embargo, muchas veces, he oído (o leído) a traductores sacarse el problema de encima diciendo: “para eso está el corrector”. Esa es la actitud que le impide a un traductor progresar, porque le quita la posibilidad de desafiarse y aprender.

Con respecto a los programas de traducción, ¿cuáles son tus preferidos?

Desde que probé memoQ, siempre me gustó mucho. Es una herramienta muy robusta, estable y confiable. Hace todo lo que hacen sus competidores, la interfaz es más amigable y la intercompatibilidad hace que sea ideal para quienes desean tener una sola herramienta que les permita trabajar en los proyectos de todos sus clientes. Trados Studio ha mejorado mucho y sigue mejorando con cada versión y cada vez estoy más conforme con el producto.

¿Te resultó difícil la inserción laboral?

En realidad, no me costó tanto porque me fui largando de a poco. Mi primer proyecto como traductor autónomo lo hice cuando todavía estaba en tercer año de la Facultad (de una carrera de cinco años). Desde entonces, fui buscando mi rumbo en la traducción independiente, pero siempre tenía trabajo fijo en otra cosa, por lo que nunca sentí la urgencia de conseguir más proyectos. Fui armando mi negocio de a poco. Creo que es muy positivo empezar a trabajar, si uno siente que está listo, desde antes de recibirse. Al fin y al cabo, los verdaderos jueces de la calidad de nuestro trabajo son los clientes. Si nosotros nos sentimos seguros de nosotros mismos y los clientes están satisfechos con el trabajo, no hay motivo para no hacerlo.

¿Qué te parece la formación académica que reciben los traductores en la actualidad? ¿Harías algún cambio?

No estoy familiarizado con los programas de estudio de todas las carreras del país, pero el de la UNC me parece excelente. Claro que se lo puede mejorar, como cualquier programa de cualquier carrera, siempre hay más por hacer. Muchas veces se le reprocha la falta de práctica profesional, y es cierto que agregarla sería muy positivo, pero también es algo que se puede compensar por cuenta propia en función de qué camino desea tomar cada uno dentro de esta amplia carrera. Quizás alguna materia orientada a la inserción laboral sería muy provechosa para los estudiantes, para quitarles algunos miedos, pero su utilidad dependería por completo de que quien la dicte ejerza la traducción todos los días.

¿Qué consejos le darías a un traductor recién recibido?

Que si le gusta la carrera que eligió, no se deje desanimar. Que preste atención a sus áreas débiles y aquello en lo que puede mejorar, y se esfuerce por hacerlo. Y, por último, que invierta tiempo todos los días en desarrollar su negocio de traducción y que, mientras no tenga la cantidad de trabajo que quisiera tener, se tome las tareas de búsqueda de clientes y desarrollo del negocio como si fuera ese su trabajo y le dedique tiempo todos los días. Si nos quedamos esperando que las cosas lleguen “porque nos las merecemos”, nos vamos a quedar esperando.

Pueden encontrarlo a Juan en los siguientes sitios:




sábado, 12 de agosto de 2017

Reseña: Objetividad. Fidelidad. Invisibilidad: un ensayo a propósito del discurso de la traición en traducción literaria (Delfina Morganti Hernández)

Desde la primera clase en el traductorado de inglés, la mayor parte de los profesores me inculcaron tres principios que todo buen traductor debía cumplir: ser objetivo, ser fiel al texto fuente y ser invisible. Y me convencieron. Durante años creí ciegamente en estos tres principios, hasta que leí el ensayo de Delfina Morganti Hernández y me los derribó de un plumazo.

En su ensayo, Delfina cuestiona estos tres pilares que parecen regir la traducción literaria: objetividad, fidelidad e invisibilidad. Y yo diría que, en realidad, se pueden aplicar a casi todas las ramas de la traducción. Por el momento no me dedico a la traducción literaria, pero es una rama que me gustaría explorar en el futuro. Mis tres principales campos de especialización son el marketing, la tecnología de la información y la atención médica. Es muy común que en las guías de estilo que me proporcionan las agencias para las que trabajo se haga hincapié en estos tres pilares. En resumen, es algo que está fuertemente arraigado en el mundo traductoril.

El primer principio que cuestiona Delfina es el de la objetividad. Para ella, la objetividad absoluta es algo irreal. Creo que tiene razón. Cada traductor es diferente y, por lo tanto, dos traductores no traducirán de la misma forma un mismo texto. Cada lector (convengamos que el traductor es el lector más detallista y alerta que hay) reacciona de diferente manera ante un texto porque cada lector tiene una formación diferente. También influyen los sentimientos. En la literatura todo es subjetivo. Yo leo una novela y me parece genial. Mi vecino la lee y le parece horrible. Es muy difícil que un traductor sea neutral porque es un ser subjetivo como el resto de los mortales. En esta sección, Delfina habla del cliché que dice que todo traductor es un puente entre culturas. Como si solo fuera una persona encargada de trasladar conceptos de una cultura a otra, un mero transportista de ideas sin ningún sentimiento.

El segundo principio del que habla Delfina en su ensayo es el de la fidelidad. Y acá aparece en escena la famosa expresión traduttore, tradittore. El escritor es considerado el padre de la obra literaria, un ser superior, mientras que el traductor está en un segundo plano y enseguida es acusado de traidor si se toma alguna libertad al traducir una obra. Recuerdo algo que nos pasó a todos los alumnos cuando cursamos Traducción Literaria. En mi caso, cursé esta materia con el traductor Marcelo Coccino (pueden leer la entrevista que le hice aquí) y ese año se desempeñaron como profesores adscriptos el traductor Santiago Biei y Delfina, la autora de este ensayo. Nosotros veníamos bastante estructurados y el principio de la fidelidad nos parecía incuestionable. Fue un shock cuando descubrimos que en la traducción literaria un traductor podía tomarse más libertades que en otros campos de la traducción. Me acuerdo que analizamos diferentes traducciones de un soneto de Shakespeare y nos sorprendieron las distintas estrategias que usaron los traductores. Recuerdo que incluso uno había traducido en prosa el soneto, algo que en su momento no me pareció muy fiel, pero que con el tiempo comprendí que era una opción más. Mientras leía la parte del ensayo sobre la fidelidad, me acordé de una frase de Borges: "El original es infiel a la traducción", frase que dijo al alabar la traducción al inglés del Vathek de Beckford, escrito originalmente en francés. Según él, la labor del traductor había dado como resultado un texto superior al texto de partida.

El tercer principio que se analiza en este ensayo es el de la invisibilidad. Esto es algo en lo que se hace hincapié todo el tiempo. Siempre se dice que una traducción es buena si no parece una traducción. Hace poco vi una entrevista que le hicieron al genial Xosé Castro y al final dijo: "Un buen traductor es como una tanga: no debe notarse". Si bien es cierto que, al traducir, el traductor debe lograr construir un texto que suene natural en la lengua meta, eso no quiere decir que sea invisible. Recuerdo que muchos docentes de traducción durante la carrera se manifestaban en contra del uso de la nota al pie, un recurso que visibiliza al traductor, ya que lo consideraban un fracaso del traductor, que al no poder traducir algo, lo había resuelto con una nota al pie. Cuando cursé Traducción Literaria, vimos que era una opción más, válida, siempre y cuando no se abusara de ella. También hablamos de la importancia de un prólogo del traductor, algo que Delfina menciona en el ensayo y que recomienda. Pero los traductores también somos invisibles en la vida. La gente no reconoce nuestro trabajo, salvo cuando nos equivocamos. Es típico escuchar comentarios sobre la mala traducción de una novela de moda o la mala calidad de los subtítulos de una película. Además, la mayoría de la gente no sabe qué hace un traductor. Es algo que siempre me preguntan cuando les digo cuál es mi profesión.

Por último, Delfina propone enseñar teoría, además de práctica en la materia Traducción Literaria y estoy completamente de acuerdo. A veces me pasaba como alumna que no sabía como justificar una opción de traducción ya que fue muy poca la teoría a la que accedí durante mi formación. La mayoría de los profesores tienden a concentrarse en la práctica. También solía pasarme al comienzo del ejercicio laboral de mi carrera. 

En lo personal, algo que me gustó mucho del ensayo es que Delfina dice que el traductor literario es un reescritor. Me parece una excelente definición. Y también me gustó la parte en la que habla de la labor del escritor al decir que también es un traductor porque el escritor debe "traducir" las ideas que tiene en su mente para plasmarlas en el papel.

En resumen, el ensayo de Delfina Morganti Hernández me pareció una lectura altamente recomendable no solo a los traductores literarios, sino también a los estudiantes de traducción, más allá de qué ramas de la traducción decidan elegir. A mí me sirvió para replantearme varias cosas que siempre había dado por sentado y ahora ya no considero tan sagrados a estos tres principios, que hasta hace un tiempo me parecían pilares imprescindibles de toda buena traducción.

El libro se editó únicamente en formato digital. Si quieren comprarlo, deberán hacerlo a través de Amazon (no es necesario tener un Kindle, pueden bajarse la aplicación gratuita para leerlo en la computadora o en el celular).

martes, 8 de agosto de 2017

Presentación de un ensayo sobre traducción literaria

Les cuento que se va a hacer la presentación oficial del libro Objetividad. Fidelidad. Invisibilidad. Un ensayo a propósito del discurso de la traición en traducción literaria de la traductora Delfina Morganti Hernández. Yo ya lo leí y me gustó mucho. Pronto compartiré la reseña con ustedes.



miércoles, 19 de julio de 2017

Seminario sobre marketing y negociación para traductores

Les dejo información sobre dos seminarios para traductores de Rosario y la zona. Se hablará sobre marketing y negociación, y los seminarios estarán a cargo de Juan Manuel Macarlupú Peña.




lunes, 15 de mayo de 2017

Objetividad. Fidelidad. Invisibilidad : un ensayo a propósito del discurso de la traición en traducción literaria (Delfina Morganti Hernández)


Hace unos días salió a la venta un libro electrónico sobre traducción literaria escrito por Delfina Morganti Hernández, una traductora rosarina (pueden leer la entrevista que le hice el año pasado aquí). Les dejo la sinopsis del libro para que lo conozcan.

El texto Objetividad. Fidelidad. Invisibilidad. Un ensayo a propósito del discurso de la traición en traducción literaria es una obra crítica que desestabiliza los cimientos del discurso vigente acerca de la teoría y la práctica de la traducción literaria. En este ensayo, Delfina Morganti Hernández explora, desvela, repudia y propone diversos puntos de vista con respecto a los tres principios clave que integran lo que ella denomina el “triángulo procedimental del buen traductor literario”, es decir, los tres mandatos con los que se suele asociar la práctica de la traducción literaria: objetividad, fidelidad e invisibilidad. El orden en que la autora aborda cada una de estas máximas presuntamente irrefutables no es azaroso: desde su perspectiva, en el marco de lo que ella denomina el “discurso de la traición en traducción literaria” —aquel que gira en torno a la fórmula traduttore, traditore—, cada principio sirve como fundamento del siguiente en pro de un oscuro fin último: hacer del traductor una figura invisible, tanto en el texto que traduce como en lo que atañe a las políticas de traducción editorial. Adoptando un estilo desafiante pero constructivo, Delfina Morganti Hernández ensaya sobre la necesidad de desentenderse de principios reduccionistas y, muchas veces, poco productivos para el arte de traducir literatura.


El libro fue editado solo en forma electrónica y sale siete dólares. Pueden comprarlo en Amazon aquí. Si nunca compraron ebooks en Amazon, les cuento que tienen que hacerse una cuenta y bajar el programa Kindle (es gratis) para poder leer los libros en la computadora, el celular, la tablet, el e-reader o la laptop. Se paga con tarjeta de crédito.